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En memoria

Morrigan era un gato color estropajo, rescatado de la bolsa en donde los cadáveres de su madre y hermanos de camada estaban sumergidos en el agua helada de la laguna. Él era el último. Soportó toda la noche parado sobre el cuello de su madre para no hundirse. Con un par de semanas de vida, sobrevivió a la neumonía y la desnutrición. Y su huesuda presencia cedió paso a un gato de ojos amarillos lleno de energía, que cuando se asustaba corría a subirse al cuello de quien tuviera más cerca. Oso era un perro enorme, un ovejero negro mezclado con un par de generaciones de mestizos. Sus ojos mansos eran exactos. Cuando Morrigan se contemplaba en ellos, la ternura del gran pastor se expresaba en un sonoro lengüetazo que dejaba al gato engominado desde la garganta hasta la nuca. Y a la hora de la siesta Oso debía quedarse muy quieto para que Morrigan se acomodara sobre su lomo. Y sin embargo, se sabe que la dicha es breve en este mundo. Una luna serena dominaba aquella noche. La ...

De los pañales a las nubes

Los labios agrietados realmente causaban molestia, y la cabeza, todavía con muy escaso pelo, aunque embutida en dos gorros, parecía ser una antena diseñada para atraer las ráfagas más heladas. “ Mira, señorita, ¡ ya se ve la cumbre! ”, la animaba una de sus acompañantes esa mañana blanca, con 15 grados bajo cero. “ ¡Es increíble! Y l lámame Tere, porfa ”, le respondió, jadeante. El hielo crujía bajo la presión de las botas embutidas en crampones, el viento se estrellaba en el abrigo y los pantalones acolchados, en tanto que el polvo de nieve se metía en la nariz cuando la sed obligaba a descubrirse el rostro y beber unos sorbos de agua helada. Al inicio de la escalada era agua caliente en el termo que su mamá había marcado con su nombre, como en la escuela. Era la manera de decirle que aceptaba su decisión de ascender el Huayna Potosí, montaña nevada de 6090 metros de altura enclavada en el altiplano boliviano. Días atrás, cuando comunicara a su familia su decisión de escalar esta ...